Educación Consciente NIÑOS

Impulsividad ¿infantil?

¿Qué nos lleva a actuar por impulsos? ¿Qué significa ser impulsivo? El impulsivo ¿nace o se hace? ¿Soy impulsivo? ¿Mi hijo es impulsivo?

Hoy en día es muy frecuente oír esta palabra y utilizarla en nuestras conversaciones, bien sea referido a nosotros (“yo es que soy muy impulsivo”, “fulanita es una persona muy impulsiva”) o a nuestros hijos (“es hiperactivo”, “no sabe controlarse”).

En general, basándonos en una cuestión ineludible de desarrollo evolutivo, solemos considerar normal que los niños sean más impulsivos que los adultos. Digo en general porque en los últimos años, se ha documentado notoriamente un sobre-diagnóstico de TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) a niños que, simplemente, se hallan en un proceso de desarrollo evolutivo de las estructuras (cerebrales, comportamentales,…) necesarias para el manejo del control de sus impulsos y gestión de su comportamiento.

La pregunta que aquí se plantean muchas familias en relación al comportamiento de sus hijos es clara: ¿cuándo se trata de un tema evolutivo y cuándo es un problema?

Cuando nos preguntamos acerca de si un niño tiene problemas de impulsividad, de comportamiento, etc. no podemos preguntarnos únicamente acerca del niño hoy, tal como le vemos, o ceñirnos a contemplar sólo sus malas acciones. Desde que nacemos, incluso antes de nacer, son múltiples los factores que están influyendo en nuestro desarrollo. Es necesario “observar bien” a ese niño en su conjunto: carácter, preferencias, motivaciones, creencias, estilo afectivo, dificultades que percibe, cómo ve él su mundo… Y, por supuesto, a su entorno (familiar, escolar, social,…).

Del mismo modo, se de buena tinta que cuando uno de nuestros hijos nos parece que muestra un comportamiento excesivamente impulsivo, los primeros pensamientos que se nos pasan por la cabeza a los padres son del estilo “¿qué estoy haciendo mal?”. Es decir, comenzamos a pensar desde la “autocrítica” (poco constructiva la mayoría de las veces) y seguimos inmediatamente por una actuación, escasamente o nada reflexionada, para intentar por millonésima vez, que el niño cese en sus acciones, desobediencias, contestaciones…

estres mujer

¿No será ésto un claro ejemplo de empezar la casa por el tejado?

Vamos a hacer un pequeño ejercicio de imaginación. Pensemos en una gymkana, de pistas y pruebas que tenemos que ir superando para llegar a una meta.

De entrada, me gustaría preguntarte: ¿te estás imaginando realizando esta gymkana tú solo, o en compañía?…….

Bien, como todos sabemos, para llegar a la meta de este tipo de gymkanas, hay que ir encontrando las pistas en el camino y resolviendo cada una de ellas para conseguir llegar a la siguiente.

Si asemejásemos esto a nuestra labor educativa como padres, nuestra misión sería encontrar pistas en el desarrollo de nuestros hijos que debemos ir resolviendo paso a paso antes de llegar a la siguiente etapa. Planteado así, la tarea puede que nos corte un poco la respiración, por no decir que nos puede generar un pico de ansiedad considerable: ¡saber encontrar cada pista en nuestros hijos, interpretarla, resolverla correctamente e ir a la siguiente! ¡Socorro!

Ante este panorama de extraordinaria responsabilidad y complejidad, los padres podemos reaccionar de varias maneras:

-bien con una cierta ansiedad ante la tarea que tenemos delante cada instante de cada día, que suele llevarnos a una sobre-exigencia personal de tener que saber manejar sí o sí cada situación con nuestros hijos, con un elevadísimo agotamiento y con la frecuente sensación de insatisfacción o frustración si no “conseguimos saber exactamente cómo hacerlo y obtener resultados positivos a nuestras acciones”.

-o bien restando peso al asunto, dándole un significado más liviano, dejándolo estar, procurando que encaje más o menos en nuestros quehaceres diarios y puede que quizás evitándolo, en cierta medida, desde un deseo/necesidad interior de que esos comportamientos vayan modificándose a medida que el niño vaya creciendo.

castigo o ignoro

Bueno, como en casi todos los aspectos de la vida, en el término medio está la virtud. Una vez más…¡qué difícil!

¿Qué os parece si nos planteásemos comenzar ESTA CASA por los cimientos? Vamos a abrir nuestro foco de atención, a hacerlo grande, luminoso, libre de juicio, para que nos ayude a “ver” con más claridad.

 

¿Qué haríamos para realizar bien la gymkana que planteábamos antes? Abrir los ojos, mirar en varias direcciones, plantearnos nuestras propias acciones, reflexionar antes de actuar: “¿he ido ya por ese camino? ¿veo algún camino que aún no he transitado? ¿estoy gestionando bien mis fuerzas? ¿cuándo paro a beber agua? ¿qué haría yo en el lugar de la persona que ha ido dejando las pistas…?

Como veis, todo un ejercicio de observación, autoobservación, empatía y “saber parar”. En el fondo, todos nosotros sabemos hacer esto, aunque lo tengamos algo oxidado.

 

¿Qué puede pasar si empezamos a hacer la gymkana desde el miedo, el cansancio y la autocrítica? Seguramente pensaríamos de entrada que difícilmente vamos a pasar siquiera de la primera pista, cansándonos a la tercera carrera, agotados, discutiendo con los otros miembros del equipo, decidiendo tirar solos por nuestra cuenta, sin saber resolver la tercera pista, frustrados, con tristeza, con impotencia y con rabia. Pero, en este segundo planteamiento, nos hemos dejado esos “mecanismos” que aparecían antes: saber parar, gestionar fuerzas, observar más aspectos relevantes desechando otros, ponernos en el lugar de, planificar la acción con cierta calma pero sin perder el tiempo.

 

¡Qué dificilísimo es ser padres! Y qué poca ayuda real percibimos hoy en día de la comunidad. Quizás no necesitemos “manos” que hagan por nosotros este trabajo de educar a nuestros hijos, pero si necesitamos “apoyo”. Un apoyo que nos recuerde que podemos hacerlo muy bien y disfrutar haciéndolo incluso. Un apoyo que nos ayude a observar los “puntos ciegos” que absolutamente todos tenemos pero sin restarnos capacidad autónoma. Un apoyo que simplemente nos ayude a estar mejor con nosotros mismos para ser lo mejor que podamos ser para los demás.

Volviendo al inicio de este post y a la palabra “impulsividad” (que seguiré tratando en sucesivas entradas del blog), creo que es imprescindible que evaluemos nuestra propia impulsividad, la de los adultos. La impulsividad con la que vivimos el día a día, saltando de una tarea a otra sin parar, siempre con la necesidad de sentirnos más en paz, más resolutivos, o de obtener respuestas rápidas y certeras.

Si nos pusiésemos ahora mismo un disfraz de “niño”, creo que a muchos de nosotros nos diagnosticarían de TDAH: atención dispersa, actividad constante, ansiedad, dificultad para parar, para concentrarse en una única tarea…

En muchas escuelas, están introduciendo técnicas de meditación en el aula para ayudar al desarrollo atencional, resolutivo y emocional de los niños. ¿Qué adulto se apunta?

1 comentario en “Impulsividad ¿infantil?”

  1. Hola Susana,nos gustaria compartir contigo la experiencia vivida con nuestro pequeñajo .
    A ver,cuando hace los deberes o tiene que estudiar o simplemente le mandas repetir alguna cosa de estudiar o algo que no le apetece ,se enfrenta o contesta mal,incluso hoy ha reaccionado empujando a Manuela y gritandola.
    Creemos que no soporta las ordenes y menos si son de su madre.
    Nos preocupa.
    Saca buenas notas pero creo que si le dejaramos solo sin estar tan emcima,el resultado seria peor.
    Nos preocupa su comportamiento,quiza con la maduracion se atempere o quiza no..
    Un abrazo

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