Educación Emocional ADULTOS

Emociones: lo que no nos enseñaron.

tic-tac-toe-1777880_960_720Siguiendo el tema del post anterior, tal y como os comentaba en él, hoy vamos a conocer 5 aspectos fundamentales sobre nuestras EMOCIONES:

1. Las emociones no son buenas o malas. Son agradables o desagradables.

Esta premisa nos ofrece la información más importante de todas: las emociones son todas útiles, no hay emociones malas. Por lo tanto, no eres una persona que no sabe “controlar” esas emociones más desagradables, sino que quizás no sabe qué hacer con ellas, qué lección sacar, cómo dejar que poco a poco se marchen… Todos los seres humanos tenemos emociones de diferentes tipos. Aprender esto te va a llevar a una cuestión ineludible: aprender a aceptar todas tus emociones como válidas.

Esto que se dice tan rápido, cuesta algún tiempo (y práctica) comprenderlo e incorporarlo, entendiendo que aceptar no es ni resignarse ni dar rienda suelta a esa emoción. Sólo aceptando que estás experimentando una emoción y no juzgándote por ello, podrás acceder al siguiente paso.

2. No somos nuestras emociones.

Así es. Es esencial que sepamos que SOMOS mucho más que lo que pensamos o sentimos en un momento determinado, en una etapa de nuestra vida, respecto a un tema,… Contradictoriamente, nos han enseñado erróneamente a buscar nuestra “identidad” en formas de pensamiento o en sentimientos hacia una u otra cosa, hacia unas u otras personas… Es por ello que también nos han enseñado (sin querer muchas veces) a sentirnos mal con nuestra persona por experimentar según qué emociones. Esto sólo puede llevarnos a reprimirlas, negarlas o juzgarnos hasta la enfermedad.

A este aspecto, en Mindfulness lo llamamos la DESIDENTIFICACIÓN: tener la práctica de identificar el pensamiento o la emoción que te ocupa en ese momento y, acto seguido, desidentificarte de él: “soy más que este pensamiento o emoción, pero acepto sin juzgar, que ahora está pasando por mí”.

3. Las emociones son IMPERMANENTES. Solo tu auténtico Ser, permanece.

Unido a la desidentificación, está esta cualidad de la IMPERMANENCIA DE LAS EMOCIONES. Las emociones tienen una duración en nuestro sistema límbico cerebral: es un circuito muy determinado que se diluye al pasar unos minutos. Los pensamientos también son fugaces: date cuenta de los cientos de miles de pensamientos que pasan por tu cabeza en un día… en una hora… ¡en un minuto!

Sin embargo, es nuestro pensamiento el que puede hacer perdurar la emoción en ese circuito cerebral, insistiendo en el juicio sobre a emoción o intentando racionalmente que se vaya. Al “apegarnos” con nuestra falsa “racionalidad” a esa emoción, no la aceptamos y no dejamos que se vaya.

¿Te sientes ahora mismo igual que hace 20 años cuando en aquella casa llorabas porque tal o cual cosa se rompió? Las emociones, si las aceptamos, nos desidentificamos y no las retenemos pensándolas y repensándolas, se van.

Compartir esto con los niños es sencillo y nos aleccionan, de hecho, sobre este aspecto. Lo demuestran de forma natural, sin filtros, a todas horas: tan pronto están pletóricos como desgañitándose de frustración y rabia. Acompañarles y adecuar nuestra explicación a su nivel de edad, en lugar de combatirles o tacharles de “inestables”, es una buena práctica (véase aquí, como decíamos, el trabajo personal previo que requiere que tengamos los adultos con nosotros mismos para llevar esto a cabo).

4. Las emociones son automáticas, no puedes controlar su aparición.

Las emociones nos embargan de repente, bien por algo inesperado que surge en el entorno (un golpe, un ruido, un estimulo), o bien por un pensamiento “intruso” que aparece en nuestro interior (un recuerdo, una obligación, una preocupación),

Es fácil darse cuenta de que es imposible controlar sentirse bien o mal, sin embargo creemos que “tenemos la culpa” de esas emociones, o deseamos ser una persona que no tenga ese tipo de emociones. Ambas son ideas erradas.

Las emociones son automáticas porque se originan en una zona primitiva de nuestro cerebro sobre la cual no tenemos “voluntad”. Una vez nos hayamos dado cuenta de esa emoción, si que será nuestro “cortex” (cerebro más evolucionado) el que intentará hacer algo con ella. Los mensajes “a posteriori” que nos demos, o cómo interpretemos esa emoción, lo que hagamos con ella…ya sí formará parte de nuestra VOLUNTAD.

Tal y como decíamos antes, en nuestra voluntad por actuar sobre la emoción, a veces no favorecemos su gestión positiva: bien porque nos esforzamos en negarla, o bien porque nos apegamos demasiado a ella (repensándola, repensando lo que la originó, repensando en una persona, repensando un malestar…).

5. Las emociones…se contagian.

La mayoría de las magníficas familias con las que he tenido la suerte de coincidir en mi trabajo, sentían una gran responsabilidad por enseñar adecuadamente a sus hijos mil y una cuestiones educativas, todas importantes y comprensibles, la verdad. Pero solemos olvidar que el “modelado” es la principal vía de enseñanza.

“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás, es la única manera”. ALBERT EINSTEIN

Los niños aprenden rutinas que les enseñamos (comemos de tal manera en este lugar, vamos al cole o al trabajo,…), o habilidades (atarse los cordones de la zapatilla, vestirse, montar en bici). Pero también aprenden lo que “no enseñamos”: qué hacer cuando estamos furiosos, si mentir es una forma de adaptarnos o conseguir algo, si posponemos los quehaceres para sentirnos mejor, si prestamos atención a muchas cosas a la vez de forma superficial, si tapamos las emociones, si leemos, si comemos sano los adultos, etc.

La actitud positiva, atenta y resolutiva también se contagia. Esto es, la forma en la que atendemos los “conflictos” en casa es más importante que su resolución (no son excluyentes, ojo). Sin embargo, de forma automática, solemos pensar en “quién ha de ganar o perder”, “cómo debe acabar la lección”, “qué tiene que hacer quién respecto a qué”, “obedecer”, “que termine el conflicto de tal manera…”.

Piensa: cuando un niño se tira al suelo, frustrado e intolerante ante una determinada situación… ¿Cómo están nuestras emociones en ese momento junto a él? No empecemos la casa por el tejado: primero nuestra gestión emocional, nuestro modelo, y luego…ya veremos qué podemos hacer, que podemos aportar, a esa otra persona.

En próximas entradas, iremos ahondando un poco más en esto de la educación de las emociones. Éstas son las nociones básicas que a todos nos hubiese ayudado mucho conocer de niños ¿Qué tal ahora que ya las conocemos? ¿Te animas a tenerlo en cuenta a partir de ahora?

Si es que sí, cuidado: tu mundo emocional puede cambiar mucho. No es una advertencia, es una garantía 😉

1 comentario en “Emociones: lo que no nos enseñaron.”

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