Educación Consciente NIÑOS

Quiero educar de una forma diferente… ¿Cómo lo hago?

heart-762564_960_720Intenta recordar una situación de tu niñez en la que te regañaron o te castigaron por enfadarte, por insistir en un deseo o por desbordarte emocionalmente (quizás por patalear, dar una mala contestación, echarte a llorar…). Una situación en la que recuerdes que hubo desaprobación por parte de algún adulto hacia ti…

…¿Lo tienes?…

En esa situación que hemos recreado, ¿crees que se juzgó o castigó una emoción o un comportamiento? ¿Ambos…? ¿Has pensado si el adulto tenía la razón en lo que hizo o no..? ¿Qué sientes al recordarlo?

Echar la vista atrás para darnos cuenta de cómo fue nuestra educación emocional es muy complicado. Hay recuerdos que no son claros o que a día de hoy los elaboramos de forma diferente a cómo fueron. Sin embargo, aunque no recordemos con detalle o realismo aquellas situaciones, forman parte inexorable de nuestra “mochila emocional”.

Las experiencias emocionales de la infancia nos acompañan (consciente o inconscientemente) en nuestra vida adulta. Todos reproducimos ciertos patrones emocionales aprendidos, incluso cuando creemos estar educando de forma diferente a como nos educaron a nosotros.

Por ejemplo:

A muchos nos enseñaron que algunas emociones eran negativas, y que había que controlarlas, porque no estaban bien. Recibimos seguramente muchos juicios (“no es para ponerse así”, “ya eres mayorcito/a para ponerte así”, “como sigas así se acabó tal cosa o tal otra”). Nos enseñaron que había emociones buenas que traían cosas buenas y emociones malas que traían cosas malas. Se juzgaba (y se juzga hoy en día también) más allá del comportamiento, se juzgaba a la persona. Personas que aún están en proceso de aprendizaje, muy lejos todavía de tener nuestra capacidad.

Los niños no son adultos en pequeño.

Intentando no caer en el mismo error, muchos de nosotros habremos intentado educar en lo contrario a nuestros hijos: no censurar ni reprimir sus emociones. Pero, si simplemente dejamos que los niños expresen sus emociones sin censura (rabia, ira, tristeza, alegría, suspicacia, deseo…), ¿quién les enseña a gestionarlas a su favor y no dañarse ni dañar a otros?

Algunas teorías dicen que los niños a prenden a regularse por sí solos. Yo os pregunto ¿estamos hablando de sus emociones… emociones y acciones…emociones, pensamientos y acciones…? ¿Qué es lo que un niño es capaz de regular por sí solo? ¿Todo?… Creo que eso sería exigirles demasiado o evitar, en cierta manera, nuestra responsabilidad en el acompañamiento de este difícil desarrollo.

Los adultos solemos confundir fácilmente pensamientos, emociones y comportamientos. ¡Ojalá nos hubiesen enseñado esto de la misma manera que aprendimos a sumar o a leer! ¡Qué importantísima lección!

Cuando sabemos discriminar entre pensamiento, emoción y acción, podemos actuar de forma independiente sobre ellas, puesto que son contenidos diferentes de la persona, en realidad. Podría decirse, que un comportamiento si puede ser valorado como positivo o negativo, pero no una emoción. Veamos un ejemplo:

-No es lo mismo pensar ¡¿cómo es capaz de hacerme eso?! Le mataría…” (pensamientos), que matar realmente a esa persona (acción).

-No es lo mismo sentirse vulnerado, traicionado (emociones), que pensar “me ha engañado, ¿cómo he podido ser tan idiota? ¿qué va a ser de mí?” (pensamientos).

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  • Recordemos que las EMOCIONES son AUTOMATICAS, no podemos controlar su aparición.
  • Ciertos PENSAMIENTOS también nos abordan de forma inesperada, pero sobre ellos sí podemos tener cierto control, al menos, cierto debate interior.
  • Y, sobre las ACCIONES, podemos tener mucho más control del que creemos, siempre y cuando hayamos identificado a las dos anteriores. (Como veis, dogo “podemos”, aunque no siempre podamos o a algunas personas les resulte más difícil por su educación, impulsividad, etc.).

Cuando aprendemos que las emociones no son buenas ni malas, sino agradables o desagradables, poco a poco vamos aprendiendo también a NO ENJUICIAR dichas emociones. Eso ayuda enormemente a su gestión positiva, y por consiguiente, a regular la posterior acción o consecución.

Así es como podemos poco a poco conseguir, entre todos, no criticar las emociones que experimentan los niños y que aún no saben ni cómo denominarlas, siendo así un modelo más sano, seguro y desconfianza para ellos.

Imagina que en lugar de que nos dijeran:

“No entiendo por qué te pones así, ni porqué te importa tanto eso. Así no se puede ir por la vida”.

Nos dijeran mejor:

“Veo que es un tema que te afecta mucho, debes sentirte …(triste, enfadado, impotente…)… ¿quieres que demos una vuelta y te despejas un poco? ¿…necesitas estar a solas ahora…?”

Esa es la diferencia entre enjuiciar (criticar) y empatizar, ayudando a gestionar.

Sé que parece difícil. Y más cuando no hemos aprendido estas premisas desde niños o no tuvimos este modelo. También será importante aprender a reconciliarnos con lo que tuvimos, con lo que no tuvimos, y sentirnos libres. Cada persona hace lo mejor que cree estar haciendo en cada momento.

La buena noticia es que se puede aprender a ser emocionalmente más inteligentes y equilibrados. Podemos aprender a emocionarnos de formas nuevas. ¿Te atreves?

 

1 comentario en “Quiero educar de una forma diferente… ¿Cómo lo hago?”

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