Mindfulness

Reactividad o Respuesta ¿Eliges?

En mi entorno es compartida la sensación de que el mundo actual nos resulta extremadamente exigente a muchos niveles: hay que saber idiomas, tener cultura, hacer deporte, ser cooperativo pero también competitivo, ser puntero en tecnología, cuidar la alimentación, formarse de manera continua, que tus hijos dejen el pañal con 2 años y sepan leer a los 5…

En nuestros pequeños círculos (laborales, familiares…) es fácil que percibamos también esa dosis de exigencia, pues al fin y al cabo, todos estamos un poco dominados por ese “me exigen-yo exijo”. Preguntémonos a este respecto, porqué hoy en día hay tantos niños demandando tantas respuestas, tanta atención, tantos objetos, o experiencias… a sus padres. Niños que parecen tener “estallidos” como si de ollas expres se trataran.

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Una pregunta fundamental aquí creo que sería:

¿Realmente me exigen o me exijo yo mismo?

Y otra buena pregunta podría ser

¿Reacciono o Respondo a todo esto que pasa en mi día a día`, es decir, soy dueño de mi forma de actuar ante eso que pasa?

Intenta leer a continuación estas frases, deteniéndote unos segundos en cada una de ellas. Identifica si te aborda alguna emoción o pensamiento al leerlas. Insisto, ve despacio:

“Elige entre eso o yo. Y punto”

“Mamá, en el colegio me pegan los niños ¿qué hago?”

“Eres un/a incompetente, ¿qué tienes que decir al respecto?”

“Ring, ring, ring, ring, ring.…” (varios whatsapps llegando sin parar a nuestro móvil)

“¿Por qué no me llamaste? Cualquiera se hubiese dado cuenta de que había que hacerlo”

“Buaaahhh, buaaahhh, buaaahhhh….” (llanto insistente e intenso de nuestro hijo)

Numerosos estímulos invaden nuestro sistema emocional cada día, a cada paso, instándonos a reaccionar. Hay muchas situaciones de estrés y de presión cotidianas: un claxon, una mala contestación, una emoción que vemos en otra persona, una mirada, una determinada palabra,…

Sin embargo, es esencial que aprendamos, primeramente, la diferencia entre REACCIONAR y RESPONDER.

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En términos coloquiales, decimos que cada vez estamos más “desquiciados”. Quizás las “reglas del juego” que imperan a nuestro alrededor tienden a someternos hacia la reactividad. Indudablemente, todos experimentamos en mayor o menor medida esa sensación de falta de tiempo, prisas todos los días, necesidad de inmediatez de algo bueno, una falta de espacio para la reflexión, el autocuidado, etc.

¿Cuáles son las principales diferencias entre REACCION y RESPUESTA?

La REACCIÓN es automática, casi involuntaria, animal. Proviene de nuestro núcleo amigdalar (el cerebro límbico del que ya hablamos en otro post, ese cerebro que compartimos con todos los mamíferos). Reaccionamos ante una percepción de amenaza (de cualquier tipo: física, emocional, a nuestra seguridad, a nuestro estatus, a nuestro rol…). La reacción sí resulta fundamental y adaptativa en situaciones realmente vitales: de peligro, de ayuda urgente a alguien, de salvaguarda de la integridad física, etc.

La RESPUESTA requiere un cierto procesamiento de la emoción o del pensamiento automático suscitado ante un hecho/situación. Dota de significado a la experiencia y permite una toma de decisión. No está movida por una emoción primitiva, sino por un interés, motivación o meta más adaptativa a la situación concreta y a mí mismo.

¿Por qué entonces somos tan reactivos, si probablemente una respuesta más “medida” sabemos que nos trae mejores sensaciones, mejor control de la situación, emociones más medidas, mayor seguridad…?

La respuesta puede hallarse en dos motores ocultos que a casi todos nos mueven a la acción y que a veces están más activos de lo que deberían:

El MIEDO, principal causante de la respuesta reactiva: “no puedo parar a pensar, tengo que defenderme ante esto”. Actualmente, tenemos una mayor percepción de amenaza general y ante un mayor número de estímulos. Demasiadas cosas nos resultan peligrosas, inseguras, molestas, inapropiadas,… Cosas que, en sí mismas, no son tan aversivas o dañinas pero que nosotros dotamos con ese exceso de carga emocional.

Y la INMEDIATEZ, o la INTOLERANCIA, que nos mueve hacia acabar rápidamente con todo eso que nos incomoda, nos hace dudar o nos hace temer. Como si no fuésemos capaces de SOSTENERLO, de resolverlo adecuadamente con un poco de tiempo. Esta característica, además, tiene un alto riesgo de “colocar en el otro” el peso de mi bienestar: “quiero que deje de llorar ya”, “quiero que me pida perdón”. “quiero que este esfuerzo que estoy realizando se vea recompensado ya por alguien”, etc.

Una forma de reforzar en nosotros la RESPUESTA por encima de la REACTIVIDAD es la práctica de MINDFULNESS:

-Conocer nuestra forma de percibir, interpretar y atender a todo lo que nos rodea, es un paso indispensable hacia la no reactividad. Autoconocimiento.

-Saber parar, y no actuar automáticamente, aceptando primero lo que está siendo antes de buscar lo que debería ser. Aceptación y Gestión.

Hablaré más sobre este tipo de práctica y sobre sus beneficios encaminados a la no-reactividad. Creo que todos podemos disfrutar de una vida más plena y más “auto-decidida”, lo cual repercutiría positiva e increíblemente en nosotros mismos y también en las personas que tenemos cerca.

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