Educación Emocional ADULTOS

Navidades… ¿bien o en familia?

62e755ec484d975a05407ba85cba08fc[1]Esta expresión, seguro que por muchos conocida, encierra diferentes niveles de sarcasmo referido, fundamentalmente, al anecdotario familiar que se despliega en esta época concreta del año: las Navidades.

Hay personas que lo empleamos (me incluyo) como broma para ironizar acerca del estrés relacionado con algunos aspectos de estas fiestas (encuentros, recetarios, compras, visitas, maletas…). Para otras personas, esta expresión vaya más allá de una simple broma, viviendo estas fiestas de regular tirando a mal.

Como esto es un post, y no una consulta de psicoterapia, permitidme que no entre ahora en las profundidades de ese tipo de malestar que algunas personas experimentan estos días en su máxima expresión. Son temas, dolores, pesares, que conviene abordar con una correcta atención y un adecuado espacio (os animo a que así lo tratéis si lo consideráis oportuno, pues es una dolencia muy muy común).

Sí quisiera, no obstante, aportar mi granito de arena respecto a estos “estreses navideños” más generalizados, compartiendo con vosotros algunas “pildoritas” que nos permitan disfrutar más plenamente de algunos buenos momentos.christmas-2260605_960_720[1]

A continuación os dejo mi decálogo para unas fiestas navideñas bien y en familia”. Por cierto, no sé si sabéis que “decálogo”, según la RAE, es un “conjunto de normas o consejos que, aunque no sean diez, son básicos para el desarrollo de cualquier actividad”. Esta definición me viene fenomenal, porque como tiendo a enrollarme, puedo dejar mi decálogo en 5 consejos. Eso sí, ¡con sustancia!.

¿Listos? ¡Allá vamos!

1. Empieza con buen pie o el tropiezo está asegurado. Nada más levantarte, o en el baño, o incluso en la cama, al despertar, tómate 2 minutos, ¡sólo eso!. Para y respira antes de comenzar el día con una inercia que desconoces. Identifica con qué pensamientos y emociones te has despertado. Ojo, sin modificarlos, sólo míralos, ponles nombre. Es fundamental que no te juzgues, sino que observes. Después, si quieres, date otro minutito para añadir algún pensamiento positivo, no automático esta vez, o simplemente sentir el bienestar que se produce en los músculos del cuerpo cuando nos estiramos por completo.decorating-christmas-tree-2999722_960_720[1]

2. En los pequeños detalles del día a día, reside nuestro “banco del bienestar”. A veces pensamos que estirar nuestro cuerpo, como acabamos de decir, o parar a respirar un minuto sin más, son tonterías y además son cosas que nos hacen perder tiempo para otras de mayor relevancia. Queridos amigos, al obviar esas pequeñas cosas “insignificantes” del día a día, estamos consiguiendo vivir permanentemente en lo que NO ES (algo que pasó, algo que aún no está pasando…) y siempre desconectados del auténtico YO. Esto es una gran fuente de malestar si no somos capaces de salir, aunque sea a ratitos, de ese bucle. Practica la atención al detalle. Sí…requiere práctica (“no nos sale”, es algo que no sale porque sí cuando somos adultos). ¿Qué tal saborear el primer sorbo de café con total entrega? ¿Qué tal ese abrazo al final del día (o al principio) sintiendo, oliendo y estando plenamente en él? ¿Has metido alguna vez las manos frías bajo el chorro de agua calentita…? Mmm… Recuerda, no son tonterías. Se acumulan en tu banco del bienestar.

3. Agradece, agradece agradece. Hay estudios que demuestran a nivel funcional cerebral y experiencial, el cambio positivo gigante que experimentan algunas personas que, mediante programas de reeducación cognitiva, psicoterapia, mindfulness…han reducido su expresión de queja y juicio y han aumentado la expresión de gratitud (no sólo verbal, sino más bien interna).

De nuevo, no es una rutina que solemos tener automatizada, así que te recomiendo por empezar con “el repaso al final del día”. Es fácil que nos llevemos cada noche a la cama problemas y preocupaciones del día, prueba a extraer, durante un minuto, las cosas positivas de ese día y siéntete agradecido por ellas. Haber disfrutado con una comida, un chiste o una sonrisa auténtica, son cosas más que “agradecibles”. Esto no sólo entrena esa gratitud que ayuda a nuestra fuente de felicidad, sino que entrena nuestro “ojo”, para percibir cada vez mejor e “in situ”, todo lo bueno que se nos cruza cada día y que dejamos pasar sin darnos cuenta.desm-nav[1]

4. Cuidado con lo que deseas. Algunos deseos o expectativas pueden ser dardos envenenados que hieran nuestra diana de la satisfacción. Cuando deseamos algo (hacer una cena magnífica, que alguien haga o no haga tal cosa, que ocurra un encuentro de determinada manera,…) sucede que, inconscientemente, estamos depositando las riendas de nuestro bienestar en ese deseo: nos sentiremos bien si “eso” sale “así”, tal y como lo queremos, y si no sale para nada como habíamos pensado, nos sentimos desanimados, enfadados, agobiados…Este vaivén de emociones no se soluciona anulando cualquier tipo de deseo para no sufrir.

¿Qué tal si formulamos o contemplamos nuestro deseo, necesidad, expectativa de una forma más completa? Eso nos ayuda a recuperar las riendas emocionales y a pensar de forma más global. Por ejemplo:

“Me gustaría que todos disfrutásemos y que todo saliera bien, pero obviamente no todo depende de mí”. “Soy capaz de buscar una forma de adaptarme y disfrutar, me doy el tiempo necesario para ello”. “Puedo dejar que la vida me sorprenda; a veces es mejor que no ocurra únicamente lo que quiero”.

Son frases que encierran aspectos emocionales en los que seguro que muchos de nosotros tropezamos. Me recuerda a todo eso que intentamos enseñar a los niños acerca de que no pueden tener todo lo que quieren siempre, y que tienen que saber amoldarse a algunas situaciones, no enfadarse tantísimo si algo no sale como desean, etc. ¿Os suena…?

5. Apunta y ordena. En ocasiones somos demasiado exigentes con nosotros mismos. Nos planteamos un sinfín de quehaceres y nos decimos interiormente que “tenemos que llegar”, a tiempo y a todo. Ésto nos daña si finalmente no conseguimos cumplir la expectativa: nos enfadamos, nos vemos incompetentes en ese sentido o incluso pensamos que defraudamos. Mucho cuidado porque esto puede llevarnos a ser demasiado exigentes también con otras personas o circunstancias.

Hoy en día hay libretas de todos los colores (tamaños, olores, jajaja). ¡Regálate una! Y dedica unos segundos a notar esas tareas que pasan por tu mente (liberándola un poco de ese peso). Es importante que, a continuación, des voz a ese sabio callado que tienes dentro y ENUMERES por orden de PRIORIDAD todas esas tareas. Permite que, las que quedan en último lugar, puedan no ser realizadas. ¡Seguro que no habrá una colisión interplanetaria si no las haces!Observa cuánto de exigente eres, cuántas tareas anotas, si dependen o no de ti y si son de verdad tan sumamente importantes. Observa si has dejado el tiempo libre necesario para atender a lo que surgirá en tus momentos cotidianos, y que será lo que vaya llenando el banco de tu bienestar y de los tuyos.

Espero que alguna o algunas de estas pildoritas os hayan sugerido alguna reflexión. No lo dejes en eso. Apuntalo, deja un señuelo en tu mesilla de noche, intenta ponerlo en práctica si algo te ha gustado. Es mi regalo para estas navidades: puedes guardar las pildoritas en una caja mágica y llevarlas en el bolsillo. No todos los grandes regalos cuestan dinero. ¡Feliz Navidad!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s