Descubrimientos y Aventuras, Mindfulness

Cuando el mundo se silencia y cambia de color

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Este enero, en España, hemos dado la bienvenida al año con unas importantes nevadas. Como casi cualquier cosa que nos pasa a los seres humanos, este hecho es susceptible se ser contemplado con gozo, sorpresa y disfrute o con amargura y lamento.

Algunos pueblos se han quedado incomunicados, y algunas carreteras han presentado importantes problemas de circulación.

Nunca me he considerado una persona especialmente optimista; si tuviera que inclinar la balanza, de hecho, creo que lo haría hacia el otro lado. Sin embargo, y especialmente desde que practico mindfulness, aparece de una forma más vívida, en mi foco de atención, lo positivo.

Creo que los cambios, en general, son una prueba para cualquiera de nosotros. Hay cambios más trascendentes que otros, claro está, pero nos sacan indudablemente de nuestra zona de confort y de nuestro repertorio predecible de comportamiento y de toma de decisiones.

Las imponentes nevadas que están sucediéndose en estos últimos días, han trastocado sin duda muchos sistemas de comunicación, logística, transportes, etc. Sin embargo, puedo afirmar llena de gozo que también ha “trastocado” a muchos niños (puede que adultos también) que, a día de hoy, jamás habían visto la nieve… ¡Qué sorpresa tan fascinante! ¡Qué regalo tan mágico e inesperado!

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En Mindfulness, una de las premisas de la práctica cotidiana es “mirar con mente de principiante”. Un niño que ve por primera vez la nieve… ¿Qué hace? ¿Qué siente? ¿Qué desea? ¿En qué piensa? Sin duda, disfrutará con todos los sentidos esa experiencia mágica y única, sin importarle (al menos durante un buen rato) lo que pasó ayer o lo que pasará luego.

Los cambios y los imprevistos arruinan nuestros planes, nos descolocan e incluso traen complicaciones. Pero ¿y si son “regalos” u oportunidades para re-aprender a disfrutar de la vida? ¿Y si son “recordatorios” que nos ayudan a apagar nuestro piloto automático que nos priva de libertad y de placer? ¿Y si son oportunidades para aprender a mirar de una forma diferente, aprender a parar, a conectar…?

No puedo más que invitaros, no sólo a disfrutar de este momento, paseando por el pueblo o por la ciudad (aunque sea simplemente del trabajo a casa), sino a que intentéis experimentar ese paseo consciente en el bosque. El silencio, la sutileza de los copos posándose con un levísimo susurro en los árboles y en los caminos, la imponente presencia del blanco en contraste con los demás colores…

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Os invito a experimentarlo de una forma plena: caminad un rato en silencio, aunque vayáis todos juntos, jugando a localizar sonidos del bosque, a explorar el sonido de vuestras pisadas, y a distinguir olores diferentes. Corred y saltad y, después, quedaros quietos como árboles, imitando su “presencia”…

En pocas palabras amigos… revivid ese disfrute sin tiempo ni reglas, de forma plena. Llenad vuestra mochila de esas sensaciones y esos presentes que no entienden de “lo que vendrá”, “lo que tengo que hacer después” ni “lo que pasó ayer”.

Aprovechad, aunque sea a instantes, estos imprevistos y cambios que nos regala la vida.

2 comentarios en “Cuando el mundo se silencia y cambia de color”

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