Educación Consciente NIÑOS, Educación Infantil y Crianza

Disciplina Positiva (1)

Actualmente son muchas las familias que no encuentran en la educación, que podríamos denominar “tradicional”, una buena guía en la que apoyar sus decisiones y actuaciones respecto a la educación de sus hijos. Lograr una convivencia positiva a la vez que educamos de cara al futuro no es tarea fácil… nunca. A veces tampoco es un camino claro e inequívoco.

Por disciplina positiva, se entienden una serie de ideas, planteamientos y formas de proceder con los niños basadas en el respeto y en un firme compromiso con la educación de todos sus niveles de desarrollo, no sólo el comportamental más visible (rabietas, contestaciones, desobediencias) sino también en lo que se refiere a autoestima, autogestión, valores y actitudes de cara al futuro.

Quizás ésta sea la principal diferencia entre cualquier otro método de disciplina y la disciplina positiva: no es lo mismo querer que un niño pare de hacer algo que querer educarle en conocer y gestionar las emociones que mueven ese comportamiento.

Es un ejemplo más de la famosa pregunta: ¿el fin justifica los medios? ¿el fin que busco persigue más mi bienestar que el desarrollo de mi hijo? Y ésta es una pregunta cargada de complejidad, porque quizás muchos de nosotros no estamos a veces preparados para afirmar si de verdad estamos ayudando o no al niño, o sólo a nosotros mismos o, como también pasa muchas veces, a ninguno de los dos.

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Este es uno de los temas que más me trasladan las familias en la consulta. Tras la lectura de miles de artículos en la web, o de libros relacionados con la disciplina positiva (“Cómo educar con firmeza y cariño”, de Jane Nelsen, por ejemplo) a veces creemos que tenemos las herramientas necesarias para educar de una forma más adecuada y comprometida a los niños. Pero, como sabiamente expresaba en sus versos nuestro ilustre Antonio Machado… la verdad es que más que leyendo, “se hace el camino al andar”.

En las percepciones, decisiones y actuaciones de nuestro día a día es donde se encuentran los obstáculos, ésos que le señalan a uno, directa y personalmente, y puede que no a otros. Esos “obstáculos” que tienen que ver con lo que somos, sentimos y pensamos cada uno de nosotros: lo que nos enseñaron, lo que hacemos con lo que sentimos, nuestros “puntos débiles y fuertes”, lo que creemos que está bien y mal, la flexibilidad o inflexibilidad, nuestros miedos…

Por lo tanto, evidentemente, no puede haber un manual para todo el mundo.

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Dicho todo esto, permitidme que añada un punto de contradicción en mi discurso que justifique la “receta” que os adjunto tras este párrafo.

No creo que nadie pueda ni deba decirnos cómo tenemos que actuar (eso nunca funciona de verdad, como ya todos sabéis). El convencimiento personal sobre algo, el compromiso y el interés que establecemos respecto a algo reside en la auténtica conexión con ese algo.

Bien, os lanzo unas pinceladas de ese “algo” llamado Disciplina Positiva. Explicado desde sus preceptos teóricos pero no desprovisto de mi forma particular de transmitíroslo con palabras. Mis palabras.

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  1. La disciplina positiva comprende al niño como un ser “en desarrollo”, no como “un adulto en pequeño”.

    Sus estadios evolutivos (edades) marcan las habilidades, respuestas, conocimientos que es más o menos capaz de manejar. Esto debería ser una guía para adecuar tanto nuestros objetivos (y expectativas), como nuestra forma de “hacer” con ellos. Respetar tiene que ver, para mí, son dos palabras: aceptar y decidir. Respetar no es mirar y no hacer, respetar no es mirar y dar por bueno todo, respetar no es premiar. ¡Cuidado! Respetar es aceptar que él/ella es diferente, empatizar para comprender el posible porqué, y decidir qué vamos a hacer con eso que percibimos y con lo que nos mueve dentro.

  2. Independientemente de la edad del niño, la individualidad debe de ser reconocida y validada

    . Y esto es un buen quebradero de cabeza, porque nos llevará a cuestionarnos muchas veces si nuestro hijo es normal o no, si está sano o no, si le estoy educando mal o él es así, si debo actuar sobre tal o cual rasgo de su carácter… Ya advertí…no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Validar y aceptar son términos que, en nuestra sociedad, aún nos cuesta comprender y manejar adecuadamente. Solemos confundirlos con “resignación”, cuando no es así.

  3. La autogestión es la reina del cotarro

    . Y no me estoy refiriendo a la gestión del niño, cuya estructura-función cerebral y cuyo bagaje experiencial no le permiten aún poseer esa capacidad. Hablo del autodominio del adulto. Es difícil educar, pero más difícil es educar en lo que no nos han educado, o educar en aquello sobre lo que no tenemos cierto conocimiento y práctica. Por eso, educar desde el autoritarismo o desde el “dejar hacer” es mucho más fácil que educar en disciplina positiva, pues no nos exigen reflexión y aprendizaje. Pero he aquí la que yo considero la herramienta más esencial para la práctica de la disciplina positiva: el aprendizaje en autogestión (de pensamientos y de emociones).

 

Bueno, que nadie se asuste y, a ser posible, que tampoco marque límites irreconciliables con alguna de las ideas expresadas. Iremos desvelando piezas más pequeñas de este camino educativo, que nos pueden ir dando pistas como aquellas que iban dejando Hansel y Gretel, para poder recorrer este sendero que tantas familias intentan transitar, luchar y disfrutar.

 

 

 

 

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