Educación Emocional ADULTOS, Educación Infantil y Crianza

Mis relaciones, mis Apegos

La psicología perinatal, la psicología evolutiva, del desarrollo y del apego, intentan abordar la compleja experiencia del ser humano en su fase más temprana, otorgando una especial relevancia a aspectos como la fuerza, la calidad, la cantidad, la constancia y la especificidad de los vínculos de apego que establece en esta fase. Vivencias, conscientes e inconscientes que hoy sabemos, sin el menor género de duda, que nos determinan y acompañan, de un modo u otro, el resto de nuestra vida.love-3315769_1920Para los más escépticos que no ven del todo claro cómo pueden ser tan determinantes esas experiencias vinculares tempranas, intentaré transmitir un poco de esa fascinante potencialidad que encierra la relación del bebé con su madre. (hablamos de “madre” por una cuestión de economía lingüística, ya que será ésa la figura de apego mayoritaria).

La forma en la que ésta percibe, siente y responde a las demandas del bebé, así como la forma en la que incluye al padre (de nuevo, figura generalista) en la relación serán determinantes para el desarrollo sano de ese niño.

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En los primeros meses de vida va a ser fundamentalmente la madre quién, a través de sus sonrisas, miradas, decisiones, actuaciones, emociones… va a ir organizando el universo psíquico del bebé. ¡Nada más y nada menos!

¿En qué consiste exactamente ese universo psíquico? Vamos a intentar esbozarlo sin extendernos hasta el infinito (que podríamos…podríamos…).

Neuropsicólogos, neuropediatras, psicoterapeutas, psicólogos,… tenemos cada vez un mayor conocimiento sobre la complejidad e importancia del entramado interpersonal que se pone en marcha durante la crianza y sabemos que la mente emerge a partir de esta relación temprana del niño con sus figuras de apego. Entendemos mente como: capacidad de atender, seleccionar, dirigir, decidir, planificar, imaginar, detectar, asimilar, recordar, gestionar emociones y necesidades,… es decir, todos los procesos que permiten nuestra supervivencia y bienestar, personal y social.

De la calidad de esa relación de apego, va a depender la vida futura del niño en todas esas capacidades mencionadas: cómo razonará, qué toma de decisiones hará, que prioridades establecerá, qué miedos tendrá, cómo se proporcionará bienestar, cómo gestionará sus impulsos y afectos, cómo regulará el comportamiento, cómo de bien o mal “leerá” a los demás, etc.

¡Menudo reto, ¿verdad?!

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El bebé nace biológicamente dotado (si no hay presencia de déficits o enfermedades, claro está) para un sinfín de cuestiones: regulación del apetito, regulación del sueño, funciones vitales, aparición del lenguaje, pensamiento, relación social, etc. Pero, a diferencia de otras especies, el ser humano necesita (y durante varios años) encontrar un adulto mejor dotado que él para desarrollar adecuadamente todas estas capacidades.

Ese “UNIVERSO PSÍQUICO” del que hablábamos, todas esas capacidades que estamos desglosando, tienen un inicio mágico y poderoso en la relación de apego, en la cual se va a dar un hecho fundamental: la ESPECULARIZACIÓN”.

¿Qué es la especularización? Este término se centra en la palabra clave ESPEJO”. La especularización es un proceso que tiene lugar entre padres e hijos desde el nacimiento:

Las figuras de apego somos un ESPEJO para el niño, que se “mira en nosotros” para obtener “su propio reflejo”.

Por ejemplo:

-el bebé demanda algo y contempla cómo se cubre esa demanda (si es identificada bien o no, si se satisface, si los padres satisfacen algo pero que no era la demanda, si tiene que ser inmediata o no esa satisfacción y qué hace si no lo es…)

-el niño expresa necesidades y experimenta la respuesta (el tipo, el lugar, el momento, la persona, los porqués…)

-emite sonidos y recibe (o no) respuesta

-muestra intolerancia o incomprensión porque exige de forma egocéntrica, y recibe del adulto tal o cual reacción.

-Etc.

Esos gestos, atención, miradas, sonrisas, lenguaje, tono, contacto, alimento, decisiones, emociones… que las figuras de apego le devolvemos, van a conformar en él una imagen, no sólo de nosotros como figuras de protección y amor, sino de él mismo, de su identidad:

Mirándome en mamá, me veo: bueno, terrible, hermoso, cansino, importante, angustioso, feliz, desdichado, en peligro, a salvo, inseguro, seguro, prescindible, merecedor de cariño…

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Es ahora, después de esta reflexión previa, cuando creo que podemos comprender, de una forma más clara y rigurosa, eso del APEGO, de lo que tanto hemos leído u oído hablar seguramente.

Vamos a ejemplificar cada TIPO DE APEGO de una forma muy muy simple para comprender cada uno de ellos (repito: muy simple, no juzguemos ni nos juzguemos antes de tiempo):

APEGO ANSIOSO-AMBIVALENTE:

“No puedo hacer ningún tipo de ruido, ni cocinar, ni nada…por favor por favor por favor que no se despierte….no puedo más, es que no sé cómo hacer que no llore tanto, que no se despierte,…”

-“¡Aquí estoy! ¿qué quieres? Le cogeré, le meceré, le daré el pecho y le cantaré…¡haré lo que sea! ¿Así voy bien? Si porque se está durmiendo… menos mal… “. (Pasan unos meses). “Ya está berreando…mira…¡ve tú porque es que ya no puedo más!” (Pasan unas semanas…) “Mira cariño, vamos a hacer eso del Método Stivill que dicen y le dejamos llorar porque así va a comprender que no podemos estar todo el tiempo encima, sin dormir, sin poder separarnos…”. “Y ahora llora por hambre…¡que ya voy! ¿pero no estas viendo que estoy preparando el biberón? ¡qué te estoy diciendo que ya voooy!

APEGO EVITATIVO:

-“No coge el pecho, está nervioso todo el tiempo…no sé… mamá, a ver si tú que tienes más experiencia…porque conmigo, nada”. “Si es que si me ve se pone peor… así que mejor ni aparezco”. “Me voy ya a trabajar, que no me vea porque es que si no ya va a montar el numerito”. “Cariño tenemos que contratar a alguien, porque yo necesito dormir y no hay más. Además, cada vez estamos teniendo más presión en el trabajo, así que tenemos que tener a alguien que en cualquier momento se quede con ellos un día, dos, tres… lo que haga falta, que tampoco pasa nada…si ahora ni se enteran”.

APEGO DESORGANIZADO:

-“Está llorando…pff…estoy durmiendo…ve tú”. “Vuelve a llorar, ponle música y cierra la puerta”. “Otra vez a llorar, trae que lo pongo al pecho y que se duerma ya aquí, que más da”. “Mira, te llevo a la cuna porque así no podemos dormir”.

-“¿Te ha empujado un amiguito del parque?…Ay…no llores, ven que te doy el pecho.” “Te has tropezado y te has caído, ay probrecillo ven mi niño (y le pongo al pecho)”.

-“Mamá te tienes que quedar esta semana con el niño, porque me ha salido un tema de trabajo…ay madre….lo tengo que hacer pero fíjate….lo vamos a pasar fatal…estoy super agobiada…”.

-“¡Es que no paramos de discutir por el niño!, es que mi marido no entiende nada, le da todo igual… ven hijo mío, que tu padre pasa de ti”.

-“Ya tiene dos añitos y le voy a llevar a la escuela porque me tengo que incorporar a trabajar y si no…imposible. Bueno algunos días le recogeré…bueno a ver si puedo. Otros días que le recoja el abuelo. Los martes como tengo una chica que limpia en casa, que vaya ella. Yo es que le doy pecho a demanda…así que a ver qué me dicen en la escuela… pero es que le tengo que dejar…le daré más cuando salga…no sé…”.

APEGO SEGURO:

-“Esta tarde está llorando un montón, mira que es difícil estar calmada así con él… ¡Ay mi chico precioso!.. La verdad es que estoy inquieta porque ya he mirado y no tiene el pañal sucio, ni tiene hambre… ¿Será algún diente? ¿El estómago?… Confío en que averiguaremos qué es. Por ahora él sabe que estoy aquí a su lado, intentaré al menos no ponerlo más nervioso”.

-“Se ha puesto a llorar y… ¡estoy en la ducha! Voy a acabar rápidamente, me seco y voy a por él. Mientras le diré que estoy aquí y que voy enseguida, comprendo que eso no le va a calmar, pero él me está oyendo y no se siente ignorado. Quizás me pone más nerviosa a mí su exigencia, inmadurez, demanda… que yo a él por tardar en acudir uno o dos minutos”.

-“Me incorporo de la baja maternal en un mes. Vamos a pensar opciones, qué le puede venir mejor a él, qué margen tenemos en los trabajos… Lo que sea debemos hacerlo gradual, aunque no encontremos la opción perfecta del todo… Hay que contar con que a él le van a costar algunas cosas y a nosotros otras, debemos transmitirle el mayor apoyo y cariño posible, pero no que nos vea angustiados. Si además, hemos pensado ya bien todas las opciones…¡venga! Seguro que nos vamos a adaptar aunque cueste bastante al principio”.

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Bueno, he puesto algunos ejemplos (extraordinariamente escuetos y reduccionistas) para que intentemos perfilar cada uno de los tipos de vínculos que podemos establecer con nuestros hijos.

Como habréis podido reflexionar tras su lectura, lo más probable es que nos movamos entre varios Tipos de Apego. Estoy convencida de que son más frecuentes de lo que creéis las respuestas que dais de apego seguro. Es muy probable que respondamos unas veces desde lo seguro y otras más desde lo evitativo, lo desorganizado, lo ansioso.

Obviamente, la realidad nunca es completamente blanca o negra, de ahí que debamos ser compasivos y justos al juzgarnos como padres. Lo que está claro es que, tanto perseguir la perfección, como negar la importancia de nuestros actos, serían un error que va a repercutir de forma negativa tanto en nuestros hijos como en nosotros mismos.

Tomar este conocimiento, esta comprensión de los tipos de vínculo, como algo que puede ayudarnos a detectar, a identificar y, por lo tanto, a elegir más libremente cómo actuar, puede ser una buena cosa y, sin duda, el propósito de este post.the-alps-3315120_960_720

¿A quién no le gustaría saber si el camino que ha elegido es el correcto o no? Pero cualquier caminante sabe que, en numerosas ocasiones (si no siempre), transitamos caminos de los que no tenemos total certeza de que sean los correctos. Así pasa con la crianza día a día, minuto a minuto: ¿lo que pensamos, hacemos, decidimos es lo mejor para nuestros hijos? ¿es lo mejor para nosotros? ¿es lo mejor de cara al futuro?

Pero, si al iniciar una ruta de montaña, nos dan un plano, y al avanzar por el camino vamos viendo señalizaciones correctas,… el camino se vuelve sin duda más seguro y agradable, aunque no olvidemos que tendremos que sudar (física y psicológicamente).hiker-846094_960_720

Como podemos deducir, sin esas ”pistas”, resulta bastante complicado dilucidar si la forma que tenemos de vincular con nuestros hijos, de especularizarles, se inclina más hacia la construcción de un psiquismo sano o no.

Este camino pondrá “sobre la mesa”, lógica e indudablemente, aspectos relacionados con nuestra seguridad personal, nuestros propios vínculos familiares, nuestros temores, la forma en la que tendemos satisfacemos nuestras necesidades, la manera en la que solemos afrontar las adversidades…

Podríamos decir que un hijo es una experiencia de increíble generosidad para ambos: los niños están abiertos absolutamente a nuestras reacciones, depositando en nosotros la construcción de su psiquismo, y nosotros hacemos el enorme ejercicio de responder de una forma entregada y genuina, redescubriéndonos, intentando vivir esta grandiosa y fabulosa responsabilidad de una forma más plena y más segura.

Esta relación, este tipo de vínculo o apego, que establecemos en nuestra infancia, va a estar presente en nuestras relaciones futuras (con nosotros mismos y con los demás): relaciones dependientes, frías, comprometidas, evitativas, inseguras, independientes, tortuosas, condicionales, chantajistas, altruistas, genuínas, superficiales…people-3203221_960_720

Explorar nuestros propios vínculos nos puede dar una enorme información sobre un sinfín de cuestiones, de pensamientos, de emociones, de acciones que hacemos o experimentamos día a día, que nos hace únicos, que a veces nos condiciona. Conocerlos mejor es conocernos, y caminar hacia una actuación cada vez más consciente y más libre: siempre será un camino con piedras, subidas y bajadas, pero disfrútalo, porque es tú camino y puede ser maravilloso.

 

 

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