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La vuelta al cole

Cuántas “maldades” encierra esta frase tan manida, tan utilizada y tan conocida: “LA VUELTA AL COLE”. Esa “vuelta”.. temida por unos, adorada por otros.

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Aunque muchos reconocen una serie de aspectos muy positivos de esa “vuelta” (a la rutina, a los horarios, a tener un poco de “orden” en casa,…), sin duda también conlleva un período de adaptación que no debemos obviar y que, en ocasiones, se hace costoso.

Sí. Lo llamo Período de Adaptación, y no Síndrome Post-vacacional muy a conciencia. Primeramente, para combatir un poco la tendencia en alza de poner etiquetas a todo, con la consecuente dotación de un significado que suele ajustarse poco a la realidad. Síndrome” es una palabra muy seria, al menos para los que somos profesionales de la salud. Y en segundo lugar, porque realmente creo que el término “ADAPTACIÓN” se ajusta mucho más a lo que tenemos entre manos la mayoría de nosotros en este periodo que sigue a las ansiadas vacaciones.

¿Qué significa ADAPTACIÓN? ¿Puede haber adaptación sin incomodidad, sin incertidumbre, sin malestar…?

Según la RAE, “adaptarse” viene definido como “acomodarse, avenirse a diversas circunstancias y condiciones”. Sabéis que prefiero que este blog, más que un perfil tipo recetario, tenga un carácter reflexivo, así que se me ocurren algunas preguntas para reflexionar sobre esta acción de adaptarse o “acomodarse o avenirse a las circunstancias y condiciones”.

Te animaría a que te detuvieras unos minutos para pensar sobre estas preguntas (ya sea referido a ti mismo/a o a tus hijos, pareja…), no las leas sin más:

¿Adaptarse podría significar, para ti, “resignarse”?                                                           ¿Adaptarse significa quizás anular el libre albedrío?                                          ¿Adaptarse es para ti un posible sinónimo de “dejar de ser uno mismo”?

Permitidme que dé, a continuación, un pequeño giro a esta reflexión y charlemos acerca de los polos. Sé que algunas de las mentes aún viajeras, se han trasladado a la nieve, el silencio, el frío y la aventura helada, pero en esta ocasión, me estoy refiriendo a la polarización de nuestras opiniones, emociones, acciones, pensamientos…

Me refiero a esa polarización, o dicotomía que tendemos a establecer entre bien-mal, feliz-infeliz, sano-insano, contento-triste, libre-esclavo, etc.

Definir y “vivir” en los intermedios, en los grises que hay entre el blanco y el negro, a veces nos cuesta. Al no poder muchas veces, definir de forma correcta cómo nos sentimos, en qué punto estamos, qué necesitamos realmente… la etiqueta viene al rescate: “mi hijo es muy sensible” “tengo síndrome postvacacional” “odio mi trabajo” “deseo vivir en el Caribe” “ojalá hubiera colegio todo el año, no aguanto” “se acabó lo bueno”…

No seré yo quien niegue que, un toque de “dramatismo”, si viene acompañado de una buena dosis de humor, sirve de desahogo e incluso de remedio para intentar encontrar el ansiado equilibrio. Pero es necesario recurrir pronto a esa toma de conciencia que nos da una visión más amplia, que relativiza y que más allá de las primeras impresiones, dudas o emociones que nos surgen en estos PERÍODOS DE ADAPTACIÓN.

Si algo he ido repitiendo de una forma u otra en todos mis posts, es que siempre deberíamos tener presentes las auténticas cualidades de nuestras emociones:

– SON PERMANENTES  (van variando con los minutos, días o meses)

– SON AUTOMÁTICOS   (no decidimos qué sentir o qué pensar, escapa a nuestro control.  Sí podemos decidimos qué hacer con ellos después de identificarlos)

– NUNCA SON POSITIVOS O NEGATIVOS, sino agradables o desagradables

Creo que muchas veces nos sentimos “prisioneros” de las circunstancias (huelga decir que hay circunstancias de diversa gravedad y, por consiguiente, de diversa dificultad emocional). Y nos incomoda e incluso aterra la sensación de vivir sometidos, sin control alguno sobre nuestra vida, vulnerables.chains-19176_960_720

Pero no deberíamos olvidar que no todo es lo que parece o, dicho de otra manera, las emociones y pensamientos que nos surgen ante ciertas dificultades o circunstancias, no deberían ser los “patrones de nuestro barco”, sino los “pasajeros”. Pensarlos o sentirlos no significa que seamos esclavos de ellos, o que estemos indefensos ante aquellas partes  que no controlamos.

A continuación, y para no irme por las ramas y centrarnos en esta “vuelta al cole”, quisiera compartir con vosotros algunas ideas que, si bien no están orientadas a anular el proceso de adaptación por el que tenemos que transitar, sí pueden ayudar a que aumente nuestra cuota de bienestar y eficacia durante el mismo.

  1. Haz las paces con las emociones y los pensamientos menos gratificantes. Estoy segura de que, incluso en vacaciones, has tenido algunas situaciones poco agradables, o emociones no tan buenas, y mil tipos de pensamientos. En esta “vuelta a la rutina” a veces ponemos más foco a esas emociones y a esos pensamientos poco agradables que nos vienen, aferrándonos a ellos. Eso hace que parezcan tener más peso y presencia en nuestro día a día rutinario. Aceptar lo que nos incomoda como algo natural en cualquier situación, momento del año o etapa vital, es un primer paso esencial para “relativizar” su influencia y su presencia.foto-taza-web2
  2. Ojo con las metas y las expectativas. Es posible que, para motivarnos en esta “vuelta al cole”, nos hayamos propuesto cambios, metas y, en general, expectativas que quizás no se ejecuten tal y como las habíamos planificado, agravando la sensación de malestar y de pérdida de control vital. EJEMPLOS: “este año todo va a ser diferente” “soy una persona nueva” “he llevado a cabo una serie de pautas que conseguirán que vaya al cole feliz” “ya he hecho un planing con mi pareja y no habrá más desorganización”, etc.
  3. Enfoca nuevas ilusiones o proyectos. Pero Susana ¿no acabas de decir que no generemos expectativas? Si, así es, y veamos la diferencia. PROYECTO es algo menos concreto (quizás), que no implica que yo u otro alguien tenga que sentir o actuar de una forma u otra concreta, que se plantea más a medio plazo y que nos motiva o ilusiona, suscitando así en nosotros, emociones positivas en las que enfocarnos. Esto no significa “vivir en una ilusión” y dejar de lado acciones concretas. Significa dejar de buscar resultados  inmediatos con el fin de “aliviar” el malestar. EJEMPLOS: “este otoño iremos a caminar por el bosque, buscaré rutas y actividades por la sierra”, “para nuestro aniversario, voy a buscar algo muy guay…empezaré a buscar zonas, planes…”, “he visto que hay un sitio donde hacen actividades en familia, así que cuando pase este mes de adaptación, podemos probar”, “en octubre voy a reservar dos horas de SPA para mi pareja y para mí, y voy a proponerle que cada mes, tengamos un día concreto para nosotros dos solos”, etc.  coger-de-la-mano-a-la-persona-que-amas-puede-aliviar-el-dolor_full_landscape  La EXPECTATIVA, por el contrario, nos muestra un escenario donde se dibuja qué y cómo deseamos que ocurran las cosas (situación, personas, reacciones…), depositando (de forma inconsciente) en esa expectativa una “necesidad” de que se cumpla tal y como tenemos previsto. Expectativa tiene que ver más con FANTASÍA que con realidad. EJEMPLOS: “voy a ir al gimnasio y antes de 2 meses perderé los kilitos del verano”, “voy a comprarle una mochila genial y a animarle de tal y tal manera e irá contento al colegio”, “voy a establecer nuevas rutinas en casa desde el primer día y así todo será más fácil”, “voy a apuntarme al gimnasio y en unas semanas estaré en forma y sin los kilos del verano”, “voy a quitar el pañal al niño y todo irá sobre ruedas”, “no voy a volver a implicarme de esa forma en el trabajo”, etc.
  4. Favorece la adaptación de menos a más. Te aconsejo que comiences por el descanso: ve anticipando poco a poco la hora de ir a la cama, adelantando poco a poco esa hora del baño y/o de la cena. Es algo que parece poca cosa y sin embargo es un hito esencial tanto para niños como para adultos.
  5. Procura no hacer cambios bruscos ni incorporar varios cambios a la vez. Es conveniente disponer del mayor número de recursos personales para la adaptación al colegio, al trabajo, a las obligaciones… y no tener que dividir esos recursos o fuerzas para otros “frentes”. A veces el afán de novedad nos lleva a comenzar cambios que nos restan energía y que quizás no son la “medicina” que realmente necesitamos para sobrellevar la vuelta.
  6. Proporciónate (proporcionaos) pequeños placeres cotidianos, sencillos pero agradables: un masajito en los pies, un helado sorpresa después de cenar, poner una película que te encantó (o que os encantó) y que hace mucho que no ves, recoger piñas para hacer un centro de mesa, comprar rotuladores, pinturas y cuadernos divertidos, aprovechar las tardes de sol para pasear o que los peques jueguen fuera de casa, regalarte media hora diaria (una hora sería mejor pero…lo que se pueda) para hacer algo sólo para ti (leer, tumbarte, salir a correr, tomar el sol en un banco, un baño/ducha con total tranquilidad, escribir, caminar despacio de vuelta a casa…

     

Dejo algunas ideas muy generales (de hecho prefiero que así sean). Sería genial que tú hicieras tu propia lista. Una lista de pequeñas cosas que te agradan, para el día a día, y de proyectos que te hacen ilusión (tampoco tienen que ser enormes proyectos, pues hay planes y proyectos de toooodo tipo).

Sólo me queda desearte una buena vuelta. Ojo, no una feliz vuelta. De hecho.. mejor aún: deseo que no vuelvas. No me refiero a que no vuelvas de la playa, sino al hecho de que no hay porqué “volver” dado que en verdad la vida siempre sigue hacia adelante. Observa, estate presente, contempla, no sólo el blanco y el negro, sino todos los colores.

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