Educación Consciente NIÑOS, Educación Infantil y Crianza

El sueño infantil y el sueño adulto

Es, cuanto menos frustrante, que un acto tan supuestamente relajado y reconfortante como es el de “dormir”, pueda traernos a veces tantos quebraderos de cabeza, tanto malestar, irascibilidad, preocupación…

Así, a priori, cualquier padre/madre que acabe de serlo, sabe bien de qué estoy hablando.

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Pero también se sentirán identificadas esas familias en las que, de repente, uno de los niños empieza a “dormir mal”: a despertarse varias veces en la noche, a reclamar presencia del adulto o “cambio de cama”, a tener pesadillas o terrores nocturnos o… ¡“qué se yo”!

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Los adultos no nos quedamos atrás en eso de “dormir mal” y tener malos hábitos, y no sólo por atender demandas infantiles nocturnas ¿no creéis? . Estudios recientes revelan un deterioro significativo en cuanto a los hábitos de sueño y descanso en población adulta: dormir menos de 7-8 horas diarias, hacer uso (y abuso) de luz azul (movil, TV, tablet, leds…) antes de irse a dormir, sacrificar tiempo de descanso y/o sueño por intentar llegar a más tareas, más actividades,… son actuaciones que ya encuentran un correlato directo con el aumento de la obesidad, los trastornos de ansiedad y depresión, la hipertensión arterial y la demencia, entre otros.

En el post de hoy, intentaremos recordar porqué el sueño, esa actividad tan banal de la que algunas personas se jactan de no necesitar, es tan necesario a nivel cerebral, corporal, funcional… en todas las etapas vitales del ser humano, así como algunos datos y peculiaridades que creo que todos debemos conocer acerca del mismo. ¡Vamos!

TIP 1: LAS FASES Y LOS CICLOS DE SUEÑO

Durante la noche, todos pasamos por una serie ordenada de 5 “fases del sueño”. Al conjunto de estas 5 fases se le denomina “CICLO DE SUEÑO”.

Cada noche, cumplimos varios ciclos de sueño (con sus 5 fases cada uno):

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Todas esas fases son necesarias y tienen utilidades concretas en nuestro organismo. Por ejemplo, durante la Fase 4 (sueño profundo) se segrega gran cantidad de hormona del crecimiento -células, tejidos, órganos…-, y durante la fase REM “soñamos”, para elaborar gran cantidad de situaciones, emociones, preocupaciones, deseos… que tenemos durante todo el día. Las primeras fases del sueño, son esenciales de cara al funcionamiento de los circuitos neuronales que organizan la memoria. Mientras dormimos, damos la oportunidad a nuestro cerebro de “editar” todo lo que ha ido “grabando” a lo largo del día, y que conviene organizar y que no se acumule.

Esas fases no varían (salvo patologías de sueño concretas). Lo que sí varía a lo largo de la noche, es la duración de esas fases (por ejemplo, durante las primeras horas de la noche, la fase de sueño profundo es más larga que a primeras horas de la mañana).

Y, en función de las horas que “dediques a dormir”, variará lógicamente, el número de CICLOS que vas a cumplir durante la noche: no es lo mismo dormir 6 horas, que 8 horas. A este respecto, y para comprender la importancia de dormir las debidas horas cada día, me gusta utilizar la metáfora que emplea Arianna Huffington:

“Yo comparo dormir bien con hacer la colada: a nadie se le ocurre sacar la ropa de la lavadora diez minutos antes de que termine para ahorrar tiempo. Hay que dejar que la máquina complete todos sus ciclos. Del mismo modo, nuestros ciclos de sueño también deben completarse si no queremos despertarnos sintiéndonos como una toalla mojada y sucia”.

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TIP 2: SUEÑO ADULTO vs. SUEÑO INFANTIL

Esas fases y ciclos de los que acabamos de hablar en el tip anterior, son muy diferentes en los niños, que “ciclan” mucho más rápido que nosotros. Esto es: sus fases de sueño duran menos por lo que sus ciclos son más también cortos pero más numerosos.

Si nosotros, adultos, en 8 horas hacemos unos 5 o 6 ciclos de sueño, los niños, en esas 8 horas, hacen unos 8, 9, 10… ciclos de sueño.

En primer lugar, esto nos da una gran pista sobre los despertares:

Recordemos que, en cada ciclo, pasábamos por una primera fase de sueño ligero. Si los niños hacen más ciclos durante una noche, significa que pasan bastantes más veces por esa fase de “sueño ligero” por lo que sus probabilidades de despertar son mucho mayores que las del adulto (aspecto además aderezado con enfermedades, experiencias diversas, instauracion de hábitos autónomos de sueño etc.).

Y, en segundo lugar, atendiendo a la sabiduría de la biología a la que muchas veces no prestamos suficiente atención, podemos concluir lo siguiente:

Los niños sí están “programados” para tener varios despertares (y llantos, y gritos…) y aun así, tener un sueño reparador; los adultos no.

De ahí que sea tan complicada a veces, la “convivencia nocturna” entre niños y adultos. Y de ahí que a veces, nos valga casi cualquier método a los padres con tal de conseguir dormirles y dormir nosotros un poco más: nuestro cerebro “se funde” si seguimos ese ritmo (nos activamos con todos y cada uno de sus despertares) durante largos periodos de tiempo.

(Llegados a este punto, un breve apunte sobre la interesante labor que tenemos los padres intentando no descuidar la educación en hábitos de sueño en equilibrio con ese “crecimiento más de tipo biológico” que marca sus propios ritmos a nuestros planes).

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TIP 3: SUEÑO Y HÁBITOS DE VIDA ACTUALES

Nuestro cerebro (que es el piloto que guía ese avión conformado por todo lo que hacemos y experimentamos) es mucho mucho mucho más antiguo que la luz eléctrica, los móviles, la TV, las tablets… ¿Qué quiero decir con esto?

Pues que nuestro cerebro siempre ha sido un organo totalmente sincronizado con la naturaleza en general, y con sus ciclos de luz y oscuridad en particular. A medida que la luz del día se ponía al finalnde cada jornada, nuestro cerebro iba reduciendo ciertos biorritmos, aspectos metabolicos, etc. La oscuridad abre la llave de esa hormona natural de la que hemos oído hablar todos, la melatonina. Ella es la reponsable de la calidad de nuestro sueño (a través de la influencia que ejerce en procesos fisiológicos, celulares y endocrinos); es la dueña de nuestro “reloj biológico” y de esos ritmos circadianos (día-noche) de los que también hemos oído hablar.

MELATONINA

Los humanos, por lo tanto, somos especialmente sensibles a la luz.

La luz de las pantallas que tanto usamos hoy en día, perturba todo este funcionamiento natural de sueño y vigilia que, junto con la alimentación, es nuestra “gasolina” para vivir.Ninguna minucia… ¿no creeis?

Este efecto es especialmente devastador en los niños, cuyos biorritmos están en constante cambio y, más aún, ¡¡construyéndose, estableciéndose!!

 

Aprovecho la oportunidad que el tema de hoy nos brinda, para llevar nuestra atención una vez más al uso de pantallas en la infancia. Como suelo decir a mis pacientes, familiares, amigos… hoy en día la gente suele comentar o saber eso de que “las pantallas no son buenas para los niños” pero ¿sabríamos justificar exactamente porqué? Y cuando no comprendemos realmente algo, es muy difícil que lo llevemos a cabo, que lo incorporemos y que lo podamos defender (a mí también me pasaría si me dicen que tengo que dejar de comer pan y no me explican el porqué, por poner otro ejemplo).

Sólo me queda animaros a observar (intentando no enjuiciaros, sólo observar, esto es importante) cómo están a día de hoy vuestros hábitos de sueño y los de los peques que tengáis cerca. Si consideráis que algún cambio sería necesario, por favor, nunca lo llevéis a cabo de forma improvisada y tampoco de forma drástica.

¡Felices sueños, serenos y reparadores!

 

 

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